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#85
Gabrielle Wittkop
Cada día es un árbol que cae

PRENSA

«Wittkop nos regala torrentes de palabras, descripciones, imágenes y sobre todo sensaciones. Juega con las referencias del lector y exige de él que pueda seguirle en el baile.» Laura Romea

«El autor de El necrófilo, tan exquisitamente aristocrático en su redacción y sintaxis, era demasiado libre como para constreñirse al protocolo. Sus comentarios hubieran incendiado el Twitter cada día. Bueno, más bien le hubieran cerrado la cuenta en pocas horas. De él debemos aprender, por encima de todo, que se dio el permiso más importante que debe concederse a sí mismo un autor. Escribir lo que le dé la gana. Como le dé la gana.» Martín Sacristán, web Lectoradicto 

ISBN 978-84-121753-4-9

PVP 18.95€

192 páginas

Cada día es un árbol que cae

Este diario imaginario escrito por una mujer, Hippolyte, mezcla recuerdos de infancia, de amores, de viajes (notas muy personales y suntuosas sobre la India, Alemania, París, Venecia, Madrid). Autorretrato de una individualidad excepcional cuya existencia se extiende desde el nacimiento hasta la muerte, esos dos límites que, paradójicamente, abren el espacio infinito de una vida efímera. Tenebrosa memoria de la carne, fermento de corrupción inoculado por los recuerdos, Cada día es un árbol que cae es un monstruoso antifonario, libro de misa negra, diario íntimo de la maldición de vivir.

A su muerte, el manuscrito fue encontrado por su secretaria. «Me hablaba de él, pero nunca me lo dejó leer.»

Se puede leer Cada día es un árbol que cae como una autobiografía soñada de Gabrielle Wittkop donde el amor, para bien o para mal, no tendría el lugar principal.

Gabrielle Wittkop (Nantes, 1920-Frankfurt, 2002). Su estilo rico y suntuoso, así como su temática, recuerdan a la obra del Marqués de Sade, de Lautréamont o de Edgar Allan Poe. Lectora precoz, a los 6 años ya disfrutaba de los clásicos franceses, a los 20 había leído toda la gran biblioteca paterna de su casa natal en Nantes, con una especial predilección por el siglo XVIII. Para entonces, Francia estaba ocupada por los nazis. La casualidad llevó a Gabrielle a conocer en París a un desertor alemán, homosexual, Justus Wittkop, con el que se casaría al terminar la guerra, un matrimonio que Gabrielle calificó como un «enlace intelectual». La pareja se instaló en Alemania donde Gabrielle residió hasta su muerte. Esta mujer asombrosa, viajera empedernida, que recorrió todos los rincones del mundo, que afirmaba su total ausencia de sentimientos religiosos, su disgusto por la familia y su desprecio por todo nacionalismo, se dará muerte a los 82 años, para evitar la terrible degeneración que le prometía un cáncer en fase avanzada. Es autora entre otras novelas de Le nécrophile (1972), La mort de C.(1975), Sérénissime assassinat (2001), La marchande d’enfants (2003).

TRADUCCIÓN

Lydia Vázquez Jiménez

Lydia Vázquez Jiménez es Catedrática de Filología Francesa en la UPV/EHU. Especialista en literatura libertina y estudios de género, imparte clases de traducción general y literaria. Lydia cuenta con una larga experiencia como traductora de literaturas francesas y francófonas. Ha traducido a Poussin, Diderot, Rousseau, Baudelaire, Balzac, Apollinaire, Desnos, AndréGide, Crébillon, Annie Ernaux, Abdelá Taia.